Las afirmaciones no son nuestras, que podrían, sino de varios estudios que hemos leído recientemente. Sabemos que cada vez hay menos dinero público para la innovación (ah, la crisis), pero todos esos datos juntos nos han hecho preguntarnos si lo que hay está bien empleado. ¿Y bien?

“Dependerá de a quién le preguntes: el político dirá que se ha gastado bien, los que lo ejecutan te dirán que por qué a mí no y por qué a él sí o por qué a los científicos no...”, reconoce Alfredo Colombano, gerente de la innovación de Alma CG. Aunque dentro de los entre 6.000 y 9.000 millones de euros que se presupuestan anualmente para políticas de I+D+i hay buenos casos de innovación empresarial (“dentro de lo poquito que hay, hay cosas muy buenas”, afirma Juan Mulet, director de la fundación para la innovación Cotec), los expertos identifican varios fallos: tanto en cómo y a quién se dan los fondos como del propio sistema. Hemos extraído los siguientes.

Proyectos que no inventan

“¡Dejemos de hacer e-commerces! O hagamos que sean disruptivos”, afirma Raúl Mata. Con esto, el presidente de e-Gauss Business Holding se refiere a la innovación tecnológica, la que más allá de innovar en modelos o procesos de negocio, crea tecnología. “Google no nació como un buscador, sino como un algoritmo. Luego se paquetizó y se convirtió en lo que es hoy. ¿Qué ocurre? Las subvenciones públicas no entienden que eso valga para algo. Si sólo haces servicios de comercio electrónico, puedes ganar dinero, pero no das nada al país. Pero si desarrollas una tecnología disruptiva, sí. O si le das dinero a un e-commerce, que está muy bien, no dejes de dárselo a unos investigadores que tengan una tecnología que no se haga en ningún otro sitio del mundo”.

Mata pone como ejemplo el de la empresa Dail Software (que aplica una tecnología de extracción lingüística nacida en el grupo de investigación en Ingeniería Lingüística, grupo base de la Cátedra Unesco): “Nadie entiende que esto sirva para algo. Pero cuando te enseñan un producto, profundizas y te das cuenta de lo que hay debajo del producto, que puede tener aplicaciones en muchos sectores... Esto es normal en el mundo de la investigación: cuando pido dinero, nadie me entiende. Al final a Dail Software le darán un préstamo público, pero porque nuestra empresa les ha dado dinero antes”.

La necesidad de avales o de poner parte del dinero es uno de los principales problemas que tienen las empresas a la hora de conseguir financiación pública. Y el apoyo de inversores privados que entiendan la tecnología y asuman riesgo es una de las soluciones.

Cuestión de riesgo

Ah, el riesgo. “En España, tanto el CDTI como Enisa (dos de los principales instrumentos públicos de financiación de la innovación empresarial) tienen pocos proyectos fallidos, lo que no dice mucho a su favor porque no arriesgan. Es dinero público y es para fomentar la innovación: pon dinero en 100 proyectos y aunque mueran 99 con uno que salga que produzca 1.000, ya compensa”, asegura Mulet. Uno de los grandes éxitos de los préstamos Enisa en los últimos años ha sido el outlet online Buyvip (que luego compró Amazon).

“Para mí eso es un éxito del inversor más que de Enisa”, considera Mata. “Nosotros invertimos en Hybris (una suiza de tecnología para comercio electrónico, recientemente comprada por la alemana SAP). Hicieron algo que nadie hacía: una plataforma para generar catálogos de compañías de e-commerce. Innovaron y han generado miles de puestos de trabajo en todo el mundo. No digo que no haya que darle dinero, pero no por dárselo a ellos hay que dejar de dárselo a los otros”.

En Enisa, que no invierte sólo en proyectos de tecnología, sino en pymes que innovan en cualquier aspecto, explican que están aumentando su nivel de riesgo. “Gestionamos dinero público. Intentamos mantener un equilibrio entre riesgo, innovación, capacidad crediticia, retorno... Asumimos un riesgo superior al de la banca, es uno de los aspectos que nos pide el Ministerio de Industria”. En 2012, 22 de los casi 100 millones que comprometieron en préstamos fueron fallidos, más que en 2011(14,6 millones).

Otro factor, añade Mulet, es que “en España el capital riesgo no funciona porque hay pocas posibilidades de inversión, ya que son pocas las empresas metidas en esto (de unos tres millones de empresas, sólo 11.000 hacen I+D+i), de manera que no pueden repartir los riesgos sobre muchas”.

Cada vez más, los instrumentos públicos se apoyan o dejan aconsejarse por inversores privados. Lo hace la Madrid Seed Capital, que da dinero a inversores privados para que lo metan en empresas. “Pero si hay tendencias de comercio electrónico o redes sociales, los inversores darán dinero a eso. Y aunque eso está bien, no aporta nada de investigación e innovación tecnológica”, recuerda Mata.

Más información: Revista Emprendedores.

Fuente: Revista Emprendedores.