Desde hace algunos años, desde que las nuevas tecnologías posibilitan, en primer lugar, la conversión de los productos culturales en archivos digitales y, en segundo lugar, que esos contenidos se puedan compartir de manera generalizada entre usuarios de todo el mundo a través de la red, se habla, en los casos más optimistas, de profunda transformación de las industrias culturales, en los menos, de crisis irremediable.

El viento de cambio empezó en la música, llegó al cine y atraviesa el sector editorial. Sin embargo, quizá en ningún otro momento de la historia haya habido tantas personas creando música, realizando obras audiovisuales o escribiendo. Es más, tampoco hay época precedente que se caracterice por la enorme cantidad de textos, en forma de publicaciones on-line o blogs, que descubren y comentan todo tipo de creaciones culturales. El modelo de comunicación entre emisor, mensaje y receptor ya no parece requerir de intermediarios, en el sentido mercantil del término. ¿Significa esto el fin del negocio? Desde luego, implica una transformación radical que exige, ante todo, asumir la realidad. Considerando la rapidez con la que se han implantado nuevos dispositivos móviles o cómo evoluciona el uso de Internet, parece claro que la sociedad ya ha elegido y cualquier manual de empresa censuraría hacer oídos sordos a tal cambio.

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Fuente: El Exportador.