Pautas para acertar en su confección
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Ni demasiado difícil ni demasiado asequible. El plan de comisiones perfecto debe ser a la vez estimulante y retador. Te damos las pautas para garantizar al máximo los resultados para tu empresa y para tu personal.
A muchos pequeños empresarios les preocupa que, al final, el comercial pueda llegar a cobrar más que ellos, aunque en realidad, como señala Natalia Pomar, directora de Desarrollo de Negocio de Datisa, “eso no debe molestarnos porque implicará que ese comercial está haciendo ganar mucho dinero a la empresa”.
Agustín Rosety, socio-director de Moebius Consulting, explica que muchas pequeñas empresas tienden a ver las comisiones de ventas como un gasto y limitan los pagos del comercial, “lo que hace que éstos paren de vender o se guarden ventas para el siguiente periodo. Incluso el empresario puede llegar a pensar que el comercial ganará más que ellos. Eso no debe importarnos. Si un sistema de comisiones está bien formulado, cuánto más gane el comercial, más gana la compañía”.
Ideas de partida
Así que vamos a hablar precisamente de eso, de cómo debe formularse ese plan de manera que sea rentable para todas las partes: interesante para el comercial y productivo para la empresa. Ahí van algunas premisas:
Debe ser flexible. Según Antonio Ibáñez, director de Data Quest by Deloitte, “hay que poder cambiar anualmente el plan de comisiones porque en cada ejercicio los planteamientos también lo hacen: unos años hay lanzamientos de productos, otros interesa más controlar la morosidad, atender mejor a los clientes…”.
Debe ser transparente. El comercial debe saber lo que cobrará y cuándo va a hacerlo, que entienda los objetivos que se le piden y que sus cálculos coincidan con lo que finalmente recibe. Y cuidado con los agravios comparativos porque, como apunta Ibáñez, “entre ellos hablan y se lo cuentan todo, por lo que el sistema de comisiones debe ser el mismo para todo el mundo y muy fácil de comprender”.
Nunca debe estar capado hacia arriba, porque el comercial dejará de vender o guardará ventas para otros años. Éste es un error muy habitual, especialmente entre las pymes. Como defiende Pomar, “es al revés, hay que pagar más si se superan los objetivos para estimular a tu equipo de ventas”.
A cada objetivo, una comisión
Para establecer la comisión, primero hay que determinar los objetivos que queremos conseguir de nuestro equipo de ventas. Para Luis Manuel Cerdá, profesor de UNIR, “uno de los principales errores de las pymes es fijarse sólo en los objetivos cuantitativos (las ventas puras y duras) y olvidarse de los cualitativos”. Entre los objetivos a marcar pueden estar:
Penetración de un producto/cuota de mercado. Cuando se trata de la etapa inicial de la empresa nos interesa, sobre todo, conseguir visibilidad y penetración de nuestros productos en las empresas, con lo cual las comisiones irán en la mayor parte de las ocasiones por porcentaje lineal.
Discriminación de productos. Aquí se trata no tanto de difundir un producto como de conseguir vender una cartera de productos o unos productos determinados frente a otros. En estos casos, deberás discriminar la comisión, potenciado más la de aquellos que te interese más colocar porque te dejan más margen, o, como señala Jesús Sánchez Cotobal, profesor de la Cámara de Comercio de Madrid, “la llamada comisión de multiplicidad de objetivos, es decir discrimino el producto que comercializo en función del margen de beneficio”.
Discriminación y/o ampliación de nuevos clientes. Al igual que en el caso anterior, se busca captar clientes especiales que nos interesen de una forma diferente ya sea por imagen, prestigio o su capacidad de prescripción. En este caso, también se fomentaría la prospección con comisiones diferenciadas.
Fidelización de clientes. Conviene crear unos parámetros que permitan evaluar la satisfacción/la fidelización de los clientes y en función de estos parámetros, Cerdá propone, por ejemplo, una prima o un incentivo en especie.
Devolución de pedidos y productos. La gestión de una venta no termina con la firma del pedido ni siquiera con la entrega de la mercancía, sino con el cobro de la misma, como decíamos en el apartado anterior, y con la resolución de cualquier problema postventa, incluida la posibilidad de la devolución. Si tenemos una media de quejas o devoluciones de un porcentaje determinado, al comercial le fijamos una cantidad de acuerdo con el objetivo marcado.
Más información: Revista Emprendedores.
Fuente: Revista Emprendedores.
