Lo más probable es que ya le haya pasado que haya presupuestado un trabajo pillándose los dedos o que haya dado un precio demasiado alto y se haya quedado sin el trabajo. En ambos caso la explicación es solo una, el miedo. Miedo a perder el trabajo o miedo a que su trabajo no se valore al pedir un precio demasiado bajo.

Cuando valoramos a la baja nuestro trabajo puede ser que el problema se encuentre también en que no nos valoramos lo suficiente a nosotros mismos o al negocio que hemos montado.

En estos casos no debemos pensar que cualquiera puede hacer nuestro trabajo. Se puede poner en valor el trabajo de cada uno y no por ello pedir cantidades enormes. Se trata simplemente de pedir lo que se tiene que pedir en relación al valor que genera en su cliente. Se trata de ser conscientes del valor añadido que uno aporta al producto o servicio que oferta. Y éste por lo general es mayor de lo que uno piensa.

Si su caso es que se ha pasado de precio y no ha conseguido la venta, le aconsejo que hable directamente con el cliente y le pregunte directamente qué ha ocurrido. Si su cliente le dice que no pueden contratarlo debido al precio, pregúntele a su cliente cuánto estaría dispuesto a pagar por ese trabajo.

No cometa el error de dar un nuevo precio, es el turno del cliente y quizás le pida un descuento en el precio menor de lo que usted piensa. Cuando el cliente le ofrezca una cantidad, usted deberá valorar si lo acepta o no, pero debe ser consciente de que si acepta una rebaja demasiado alta, perderá credibilidad para futuras negociaciones. Acepte pequeñas rebajas y solicite alguna contraprestación.

Para poner el precio adecuado a su trabajo lo primero que hay que plantearse es ¿cuánto me cuesta el trabajo y cuál es el valor que le otorga mi cliente en ese momento? Tras esta pregunta es necesario calcular los costes, el valor percibido y otras variables.

Lo primero es calcular cuánto te cuesta en términos económicos y temporales realizar el trabajo, luego saber cuánto está dispuesto a pagar el cliente, y además saber por ejemplo, el precio de la competencia. Con todos estos datos podrá establecer un precio más o menos orientativo para sus productos o servicios.

La última recomendación es que cuando vaya a dar un precio siempre lo haga un poco superior al que usted calcula que va a ser, de esta manera puede controlar cualquier tipo de imprevistos.

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