¿De quién es ese color?

El pintor Yves Klein patentó en 1960 el International Klein Blue, aunque la patente no se refiere al tono de azul, sino al pigmento que utilizó en sus cuadros, producto de una novedosa mezcla de productos químicos ideada por el artista para lograr finalmente ese tono.

Dejando a un lado el caso del color como pintura (sustancia química), lo cierto es que “un color por si solo no se puede patentar”, señala el profesor de OBS. “Sin embargo, se podría registrar como signo distintivo de una marca, si cumple las condiciones que establece la legislación correspondiente”. De hecho, es una práctica habitual entre las grandes empresas: son conocidos el caso del azul turquesa de Tiffany y, en España, el verde de El Corte Inglés. “Ahora bien, los colores fundamentales no son registrables, porque eso afectaría a la libre competencia”, añade el experto de la escuela de negocios OBS.

La Polémica. Una empresa de telefonía registró en Alemania y Holanda el magenta, uno de los colores primarios. Esta iniciativa, legal en dichos países, generó una fuerte polémica y una campaña de rechazo llena de humor, a través de la plataforma Freemagenta.

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Fuente: Revista Emprendedores.