En cambio, esto no significa que se trate de un medio de comunicación de masas. Si algo caracteriza a las redes sociales es su capacidad para hablar de tú a tú con el interlocutor, de establecer un diálogo de igual a igual, que resulte productivo para ambos. Una ventaja ante la cual, las marcas no solo pueden, sino que deberían utilizar, con el fin de acercarse a sus clientes y ganar su confianza.

De ahí la necesidad de apostar por la personalización, de trabajar para lanzar un mensaje orientado a un público específico, atendiendo a sus intereses y necesidades concretas.

Por otra parte, el Big Data nos puede ayudar a mejorar la orientación de nuestra estrategia. Los datos del informe de SocialFlow demostraban la efectividad de aquellas acciones basadas en el denominado data-driven. Su estudio refleja que aquellas publicaciones orgánicas en los Social Media realizadas en base al análisis de los datos registraron hasta un 91% más de engagement que el resto. Por tanto, pongámonos manos a la obra, con el firme propósito de escuchar antes de hablar, y de fomentar el diálogo frente al monólogo:

El primer paso es conocer a nuestro público objetivo. Con ello nos referimos a cualquier dato sociodemográfico, cualitativo o cuantitativo. Desde su género, edad o geolocalización, hasta si es cliente, aficiones, gustos y preferencias. Para ayudarnos a realizar esta radiografía podemos diseñar distintos perfiles tipo, o personas, y trabajar específicamente pensando en ellos.

Nunca dejar de lado la monitorización de la conversación. Como decíamos, el escenario 2.0 es un ir y venir de ideas, consultas, opiniones y conversaciones. Las cuales, bien pueden girar en torno a nosotros, pueden ser directamente interacciones, o simplemente aportar información sobre los interlocutores, la competencia o el sentimiento de marca, que conviene registrar y analizar.

Desarrollar la capacidad de actuar en tiempo real. En función de los datos registrados, estaremos en condiciones de actuar, diseñando nuestro propio mensaje, o bien reaccionar, atendiendo las peticiones de los usuarios, solucionando sus dudas puntuales, y, con todo ello, fomentando el engagement y afianzando la relación.

Empatizar con el interlocutor. A todos nos gusta que nos escuchen, sentirnos importantes, y que nos tengan en consideración. Por ello, si diseñamos un mensaje pensando concretamente en las personas que hemos diseñado, si respondemos y aportamos valor, nos podremos convertir en una marca "que escucha", y "se preocupa" por su audiencia. En definitiva, una marca en la que confiar.

Mostrar una actitud dialogante, dispuesta a ayudar (aportar valor, ser de utilidad). La marca ha de estar siempre disponible, utilizando un tono de la comunicación siempre cercano. Con esta predisposición a escuchar y atender a la audiencia, ya tendremos un paso ganado, se habrá derribado la eterna barrera que divide el mundo de las marcas del de sus clientes.

Más información: Puro Marketing.

Fuente: Puro Marketing.