Theranos. Punto final a las agujas y a los tubos con mues...
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Su innovación consiste en tomar una muestra mínima, una mera gota, para luego analizar los datos deseados.
Después de más de 200 llamadas, por fin, consiguió un inversor, algo atípico para el sector al que se dirigía. Draper Fisher Jurvetson, firma especializada en capital riesgo, se salía con ella de su zona de confort. Tras impulsar éxitos como Hotmail o Skype, ambas en manos de Microsoft, daba fondos a Holmes para que sus laboratorios pasasen de tener una plantilla con ella como única empleada a 500 trabajadores.
Su elevator pitch fue infalible. Así es como se llama a la mínima presentación, equivalente al tiempo que dura un viaje en ascensor, en la que se aborda a un inversor potencial. La norma no escrita dice que una historia personal enlazada con un problema a resolver, un problema que afecte a muchos, es garantía de éxito. Ella lo tuvo claro. Se centró en la aversión que producen las agujas. Lo aderezó con una historia personal, la de su tío que murió de cáncer. Según su argumento, la enfermedad que comenzó en la piel y se le extendió al cerebro no tuvo el control suficiente, ni se detectó a tiempo.
Más información: Diario El País.
Fuente: Diario El País.
