En esas mañanas duras, al levantarse doloridos (y no precisamente por hacer deporte), el colectivo de entusiastas siempre se acuerda (además del cliente y del jefe) del colectivo 'enemigo'. Aquellos compañeros que nunca salen tarde, siempre tienen excusas para marcharse a una hora razonable, y a pesar de todo ello se quejan como los demás: los 'acomodados'.

Este último grupo es un colectivo reflexivo, analítico, crítico, estancado en el pasado, que aporta en ocasiones tranquilidad y ayuda en la toma de decisiones. En algunos casos son exentusiastas que han tirado la toalla.

Cómo gestionar adecuadamente a ambos colectivos es uno de los problemas más complicados que se le plantean a los directivos en las empresas. Pero lo que sí está claro es que el desequilibrio a menudo conduce a la ruina empresarial.

Cuando triunfan los acomodados, ocurren hechos como la condescendencia y la parálisis empresarial que lleva consigo la pérdida de cuota de mercado, liderazgo y rentabilidad de la compañía. Algunos ejemplos de acomodamiento son:

1. Apalancamiento de tecnología: No han sabido mantener ni desarrollar una tecnología que en su día fue pionera y exitosa. Han exprimido tanto el producto o servicio que cuando se dan cuenta, están ya fuera de mercado y sin producto sustitutivo.

2. Apalancamiento industrial: No han tomado las decisiones adecuadas en entornos productivos u operativos innovadores. El miedo a ser los primeros les ha provocado la ralentización de las decisiones y por ende no han acometido ninguna acción de cambio.

3. Apalancamiento de negocio: La parálisis por el análisis y el miedo a entrar en un nuevo país o abrir un nuevo canal de comercialización. El pánico a la gestión del cambio ha provocado un estancamiento importante en la toma de decisiones de negocio de la compañía: "Esto siempre lo hemos hecho así y mira donde estamos".

Los tres casos se han dado en compañías que, siendo líderes con un producto o servicio se han dejado llevar por el mercado. De estar en la cúspide han pasado a estar perdidos en el pelotón de cola y abocados a la desaparición.

En todos los casos, las empresas animadas por este colectivo reaccionan tarde, y pasan demasiado tiempo lamentándose del mercado y de la competencia. Lo que no saben es que el colectivo de entusiastas de los competidores están ya moviéndose para superarles, y con su apalancamiento contribuyen involuntariamente a verse superados.

En el extremo contrario, cuando los entusiastas son mayoría puede ocurrir lo que a menudo se denomina morir de éxito:

1. Apalancamiento financiero excesivo. Se invierte en lugares con mucho riesgo, movidos por el corazón y no la cabeza, basándose en expectativas sin fundamentos analíticos y reflexivos.

2. Apalancamiento en modas. Demasiada orientación hacia mercados muy volátiles (a veces burbujas) e incluso en tendencias demasiado oportunistas (inmobiliarias, puntocom, etcétera).

3. Apalancamiento del equipo. En ocasiones pierden negocio debido a la excesiva confianza en sí mismos. Son perfiles ganadores que pueden llegar a perder la sensibilidad y las mieles del fracaso.

Siempre en el equilibrio está el punto óptimo. En España se están produciendo movimientos de gente entusiasta hacia empresas emergentes o pymes. Esta migración está provocando un desequilibrio importante en el ecosistema empresarial. Las grandes corporaciones acumulan una gran masa de gente acomodada, personas que están bloqueando a los entusiastas en desarrollar iniciativas creativas, provocando su salida hacia entornos más dinámicos, pequeños y flexibles.

Lo positivo de estas migraciones es el desarrollo de iniciativa emprendedora y profesionalización de las pymes. Lo negativo, y es un fenómeno que habrá que continuar observando con detalle en el futuro, es el acomodamiento intelectual y la pérdida de competitividad que ello supone para las grandes corporaciones.

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Fuente: Diario Expansión.